Armonía Agridulce

Saludos! Espero que disfruten de este blog especialmente dedicado para aquellas mentes viajeras que se atreven a subir a un tren con destino a un mundo donde la creatividad no tiene límites.

17 octubre, 2006

Círculos



¿Qué podemos hacer frente al ciclo de la vida? ¿Qué podemos hacer cuando un ser tan cercano nos abandona? Lamentablemente la vida es así. No comenzó siendo un buen día, sentí que algo malo pasaría. Malas noticias pero amena conversación con alguien que no veía hace mucho tiempo. Me sirvió de mucho este diálogo para abrirme los ojos a la realidad de un mundo extrañamente agradable. Gran alivio produce el saber que tienes a una amiga cerca, una amiga que te apoya. Feliz estaba con haber recuperado la visión y la imagen de esa amiga a quién no veía hace tanto tiempo, pero la nubosidad se apoderó del día y me lanzó un rayo que me congeló, que detuvo mi vida y me produce nostalgia mientras oigo las profundas melodías de The Sky Is Broken. Era mi amigo, me despreocupé tanto de él y ahora, en su eterno viaje, me ha dejado con las dagas del arrepentimiento y el dolor. Lo siento tanto, estaba ciego. Suerte, Casi.

28 agosto, 2006

Dulce Abismo


¿Qué nos pasó? ¿Por qué nuestro hogar ha quedado en ruinas? Todo se ha roto, todo está caído. Las flores están marchitas, el bebé no deja de llorar, los muebles están partidos, las puertas ya no están. Desde que nos distanciamos todo se ha vuelto más difícil. Ya no hay ánimo, ya no hay risas, ya no hay palabras. El bebé llora. Estamos solos. Tanto tiempo tuvimos. ¿En qué lo gastamos?

El bebé aún llora. Y ya no estás, la cama se volvió un abismo y estamos cayendo eternamente. Ya no puedo tocar tus suaves manos. Ya no puedo acariciar tus bellos hombros. Ya no puedo besar tu cuello en las nubes de pasión.

El bebé no deja de llorar. Las lágrimas ya son rojas. ¿Qué nos pasó? Tan cerca y tan lejos. Intento tocarte, pero sólo siento un vacío. Llego con mis manos a tu cuerpo, pero solamente te atraviesan. Está muy frío dentro de ti. No eres más que una imagen. El bebé llora ya sin fuerzas.

¿Qué nos pasó? Estamos tan lejos, pero aún siento tu respiración. Caemos sin detenernos en la oscuridad de nuestra cama. Ya no hay vuelta atrás. El bebé dejó de llorar.

23 agosto, 2006

Ocaso



Comienzo a sentir un leve calor. Los primeros rayos del sol están entrando por la ventana. Deseo que pronto llegue la tarde para poder ver a mi novio. Jamás habíamos pasado por tan buena situación, y lo mejor de todo, creo que me pedirá matrimonio. Me causa un gran placer el hecho de que se lleve tan bien con mi madre. Él ha sido un gran apoyo para nosotras desde el fallecimiento de mi padre. Probablemente, si no fuera por él, estaríamos sumidas en la miseria, y las ansias de mi madre por consumir drogas hubiesen vuelto y la hubiesen derrotado. Afortunadamente estamos pasando por un buen momento y espero que así se mantenga, ya que nunca antes me sentí tan agradecida de esta vida. Ya es hora de levantarse. Me prepararé un baño.

Ha caído la tarde. Mi novio llamó para avisarme que me arreglara porque saldremos a cenar. Mientras camino por los parques para ir a buscar a mi amado, recuerdo a mi padre y todos los problemas que tuvimos, muchas veces sin razón. Con el tiempo, todos estos líos nos distanciaron. Estuvimos solos, cada uno por su lado, ya que mi madre pasó mucho tiempo en un centro de rehabilitación. Mi padre ya no quería seguir pagando por su recuperación, siempre creyó que la adicción de mi madre no tendría fin. A él nunca le gustó que yo tuviera novio, siempre lo detestó. Jamás entendí el carácter de mi padre, pero de todas maneras fue un buen ejemplo para mí. Lo que más lamento fue haberle dicho que lo odiaba. Peor aún, justo un día antes de su muerte. No aproveché a mi padre cuando lo tuve y me arrepiento de nunca haberle pedido perdón. Siempre llevaré este puñal clavado profundamente en mi alma.

La cena está deliciosa. Es un lindo lugar, tranquilo y acogedor. Mi novio ha estado un poco extraño, lo noto un tanto nervioso. Su mirada es inquieta y sus manos tiemblan. Repentinamente me pide que nos vayamos. Caminamos muy apegados por las calles desoladas. Nos quedamos en un parque donde la luz de la luna era perfecta y el frío era penetrante. Me abrazó tan fuerte que sólo sentimos el calor de nuestros corazones apasionados. Luego me susurró al oído que tenía algo muy importante que decirme.

Al pasar unas horas, decidimos ir a casa. Lo invité a quedarse. Esta es nuestra noche más apasionada. Entre la oscuridad envolvente, nuestros cuerpos húmedos se hinchan de un amor poderoso, que nos une en un sólo cuerpo, en un cuerpo lleno de luz, de eterno destello. El sexo parece expresar muchas sensaciones, tanto maravillosas como desahogos, pero de algún modo, siento que el sexo se ha vuelto culpable, sangriento. Al terminar nuestra hermosa unión llena de proyecciones de por vida, me abraza y al oído me pide matrimonio. Orgullosa y emocionada le doy mi respuesta. Acepto.

Los primeros rayos del sol entran golpeando nuestros cuerpos. Mi novio duerme profundamente. Sólo beso su cuello y me levanto para ducharme.

Al salir del baño me doy cuenta de que la cama está vacía. Me visto, voy a la cocina y lo encuentro. Está conversando con mi madre. Tomamos desayuno con ella y le damos el anuncio de nuestro matrimonio. Su primera impresión es de asombro, tal que se asomaron unas pequeñas lágrimas en sus hermosos ojos verdes. Luego mira a mi novio, me mira, sonríe y nos felicita.

Al terminar el desayuno, mi novio se arregla y parte a su trabajo. Su despedida ha sido rara, cuando cerró la puerta comencé a extrañarlo profundamente. Lo siento tan lejos. Creo que lo estoy perdiendo. Mi alma se ha ido. Una daga atraviesa mi corazón.

La tarde está tranquila. El sol golpea fuerte, pero corre un viento fresco. Las ventanas del living están abiertas. El soplar del viento mueve las cortinas. Todo está en silencio. Sólo se oye el sonido del péndulo del reloj. Mi madre duerme plácidamente. Suena el teléfono. Es el número del trabajo de mi prometido. Contesto. Es su jefe. La noticia me derrumba y parte el cielo en dos. Mi novio ha muerto. Una amargura sube por mi cuerpo y se atasca en mi garganta. No puedo hablar, sólo escucho la voz ronca al otro lado del teléfono. Debo asistir al lugar.

Al llegar al gran edificio quedo paralizada. Veo un bulto tendido en la acera. Es mi novio. Una desesperación me posee. Los gritos del inconsciente se escapan y las lágrimas comienzan a fluir. El jefe de mi futuro esposo corre a calmarme. Me apretó con toda su fuerza.

Mis manos tiemblan y mi cuerpo está tenso. El jefe de mi novio me dice que entremos al edificio. Subimos hasta la oficina donde trabajaba mi prometido. Me había dejado una carta. El miedo consume mi cuerpo y comienzo a leer temblorosa:

“Querida: Ya es tarde. La última hoja del árbol ha caído. Todo ha caído. Lamento que pases por esta situación, nunca tuve la intención de abandonarte, menos de esta manera. Me gustaría pedirte que entendieras, pero comprendo cómo te debes sentir. No te culpes por esto, el problema es conmigo. Me diste la mejor noche que he tenido en mi vida y te lo agradezco. Realmente te amo, pero hay algo que debes saber. Te amo demasiado, por eso debo decirte la verdad para que entiendas mis razones. Mientras nuestra relación se desarrollaba y experimentábamos los altibajos de una vida en pareja, mantuve un romance con tu madre. No puedo culpar a nuestros problemas. Creo que todo parte desde un deseo. Espero que comprendas que no podría vivir guardando este secreto. Nunca he dejado de amarte, pero a tu madre la amé de otra manera. No deseo que me perdones, lo reconozco, soy culpable. Sólo espero que nunca olvides nuestro amanecer pasional.”
Sé feliz. Te amo.

Las lágrimas ya habían corrido demasiado como para pensar en quitarlas. La carta se había empapado con la sangre de mi corazón. El papel caía desde mis manos. Estoy desorientada. Me despido amablemente y comienzo mi viaje por este averno terrenal.

El mundo se ha partido en dos y estoy en el centro, lista para caer. Las piernas ya no sirven para caminar, sólo me muevo por inercia. Llego a casa a consumir cuanto licor encuentre. La rabia, la pena, el amor, el odio, la impotencia... tantas cosas pasan por mi mente. Camino a rastras hasta el dormitorio de mi madre. Duerme apaciblemente con una sonrisa que me irrita. No la soporto. La odio. El momento es el indicado. Jamás volverás a despertar.

Me acuesto al lado del cuerpo ensangrentado y frío de mi madre. La abrazo y beso sus gélidos labios. Tomo la daga colorada y comienzo a hundirla en la delicadeza de mi piel. Un dolor me aprieta el pecho. Me siento morir. Si tan sólo le hubiese hablado sobre nuestro futuro hijo todo hubiese cambiado. Y ahora, los dos solos en la inmensidad de una tormenta, caemos en la oscuridad.

Amor, despierta. El desayuno está servido.



20 agosto, 2006

Charlotte


Es un buen día. Ni siquiera recuerdo el camino que tomé para llegar a tan acomodada vida. Mi hermosa esposa duerme a mi lado, sumergida en un mar de imágenes en las cuales espero estar yo. ¿Qué sorpresa le tendré este día? ¿Margaritas? ¿Lirios? No lo sé. Creo que basta con comprarle bombones para que se convenza de que aún me preocupo por ella. ¡Claro! De esta manera no habrá sospecha alguna. ¿Y la excusa?... ¡Reunión administrativa!

¡Qué exquisito! Licores como éste no encontraré en ninguna otra parte. Este es mi mundo. Esta es mi gente. Aquí pertenezco. Que pena, debo irme para no levantar sospechas.

Creo que no se dio cuenta. Seguramente los bombones llamaron mucho su atención. ¡Soy un genio! Por supuesto que la amo, pero ya he dedicado muchos años para ella. Claro que me hace feliz, pero necesito de otras cosas también. No puedo vivir solamente del cariño que me entrega mi esposa. Quiero que me conozca todo el mundo y que me admiren. Para eso es la vida, de lo contrario, de nada serviría el esforzarse tanto y llegar a ser tan exitoso. Sólo eres lo suficientemente importante cuando alcanzas la cima. Sólo necesito bombones...

...Si tan sólo me abrazara...Si me dijera las mismas cosas que me decía cuando éramos jóvenes. Por supuesto que me hace feliz, pero de algún modo siento un vacío. Largas horas lo espero en mi cama, pero no llega. Cuanto más me esfuerzo por no dormirme, caigo en la profundidad del sueño. Por otra parte, cuando he querido dormir, no lo logro. A veces llega cuando estoy despierta, pero no me besa, no me abraza y ni siquiera me acaricia. Aún así lo amo...

Mi vida es todo lo que alguien quisiera tener. Creo que a veces mi propia esposa me envidia. De hecho, sé que muy por dentro ella me envidia. Claro, la perfección es envidiable.

No logro entenderlo. No quiero nada más que un poco de atención. No necesito bombones o las flores más caras. Ya no le intereso. Creerá que no me doy cuenta de lo que hace en la noche. No soporto más el olor a alcohol que duerme a mi lado. Cada día lavando ropa con olor a Chic. No soy la única. Hay alguien más. Me interesa poco saber quién es o cómo se llama. Creo que me he vuelto indiferente a sus patéticas actitudes. En un principio me molestó y me sentí humillada por su manera de mirarme en menos. Ya es poco lo que me interesa lo que haga con su vida. No es que lo odie, al contrario, lo amo, pero no pretendo arrodillarme a buscar su cariño.

No sé que le pasa, debe estar loca. ¿Creerá acaso que puede despreciarme? ¡No! ¡No lo hará! Ella es mía. No se alejará de mí. ¡Eso lo aseguro! Ella me pondrá atención. ¡Tengo que importarle!

Durante estos días he reconstruido mi vida. Tengo amigos a los que verdaderamente les importo y que me ayudan y no esperan nada a cambio. No me siento mal en lo absoluto, pero extraño de manera intensa las caricias, los abrazos y las románticas tardes bajo los sauces. Poca importancia tienen los sauces para alguien exitoso. No es envidia. Solamente digo que para alguien que tiene especial interés en el lujo, un sauce no tiene romanticismo en lo más mínimo. Pero si nos sentamos bajo un sauce y cerramos los ojos por unos momentos, podemos descubrir un mundo alejado totalmente de lo convencional. El sentarnos con alguien bajo un sauce sin decir una palabra y sentir la vida en el momento, puede hablar más que por nosotros mismos. Y los detalles extrañamos y nos atoran las palabras al recordarlos. Y se nos quiebra la voz y quema la garganta. Lo amo.

¡Es el colmo! ¡De seguro son esas mujerzuelas las que le meten cosas en la cabeza para volverla en mi contra! ¡Que ingrata esta mujer! ¿No le basta con los regalos que recibe cada día? ¡Estúpida! No señores, esto no se va a quedar así. Ella me pedirá disculpas. Ella se rendirá ante mí. ¡Nadie! ¡Nadie me ignora!

¿Qué hace? Está alterado. Jamás lo había visto de esta manera. No...

Todo lo bueno tiene un final. A veces impactante, otras veces predecible y algunas hasta deseado. Es cierto, no sabemos valorar las cosas hasta que las perdemos. ¿Eso quiere decir que no valoramos nuestras vidas sino hasta que agonizamos? Creo que es cierto, siento que estoy en plena agonía y no tengo remedio. Y no me refiero a estar enfermo físicamente, pero el daño que me ha causado su ausencia me tiene sumido en la más triste decadencia de mi alma. ¡Claro! Es ahora cuando reconozco mis errores, es ahora cuando reconozco el daño que le causé y llego a odiarme por eso. ¡Cómo no me di cuenta antes! ¿Por qué dejé que el orgullo me ganara? Si tan sólo hubiese pedido disculpas, e incluso eso pudo haber sido evitable. Si nunca hubiese hecho lo incorrecto, nunca hubiese tenido que disculparme. Quizás si pensáramos en todo esto antes de actuar, valoraríamos la vida en todo su esplendor y no nos sentiríamos con tanta angustia y frustración cuando ya estemos muriendo.

La angustia me devora y carcome mi corazón. El arrepentimiento me hunde y me castiga con latigazos de lamentos. Ahora estoy solo. Nadie de los que dijeron ser mis amigos está ahora conmigo. ¡Obvio! ¡Nadie quiere estar con alguien sumido en la miseria! Creí en la gente de lujo que me rodeaba y que ahora no está conmigo. Sin embargo, tenía abandonada a la única persona que siempre me acompañó. Ni siquiera sé por qué lo hice. Probablemente me sentí atraído por la lujuria, el buen licor y las mujeres. En ningún momento me involucré con alguna de ellas, no, pero sí reconozco que me gustaba observarlas y que se sintieran atraídas hacia mí. De cualquier modo, creo que también significa infidelidad. Debí preocuparme sólo de mi mujer, aquella que me creía que tenía reuniones o trabajo hasta muy tarde, aquella que me preparó los mejores desayunos que jamás haya probado, aquella que poseía mágicas manos para preparar los mejores banquetes cuando yo quise. ¡Estúpido! ¡Cómo no darme cuenta de que esa magistral mujer, tan dedicada, se merecía mi interés y mi amor por completo! ¡Que ingratitud!

De nada sirven los lamentos, nada la traerá de vuelta. Mi vida es culpable directamente de lo que sucedió. Y ya no siento ganas de vivir. Tal es mi angustia que no tengo ganas de vivir pero tampoco de morir. Esta nostalgia, esta soledad, esta eterna miseria, son el justo castigo para quien ha obrado de manera incorrecta dejándose llevar por sus intereses. Y es así amigos míos, aprovechen sus vidas sin pensar en sus intereses, ya que la verdadera felicidad la podemos encontrar en una tarde bajo un árbol, en observar y oír los ríos, o simplemente en un abrazo.

Y ya no queda espacio para arrepentirme, ya no queda tiempo para lamentarme. Todo está hecho. Si hubiese reaccionado frente a lo que estaba haciendo, hubiese evitado esta lejanía. Y no lo hice. Y aquí estamos, yo sentado en lo más oscuro de mi cuarto, sujetando el arma cargada de culpa, y ella, tendida, inmóvil y fría en mis brazos.