
Es un buen día. Ni siquiera recuerdo el camino que tomé para llegar a tan acomodada vida. Mi hermosa esposa duerme a mi lado, sumergida en un mar de imágenes en las cuales espero estar yo. ¿Qué sorpresa le tendré este día? ¿Margaritas? ¿Lirios? No lo sé. Creo que basta con comprarle bombones para que se convenza de que aún me preocupo por ella. ¡Claro! De esta manera no habrá sospecha alguna. ¿Y la excusa?... ¡Reunión administrativa!
¡Qué exquisito! Licores como éste no encontraré en ninguna otra parte. Este es mi mundo. Esta es mi gente. Aquí pertenezco. Que pena, debo irme para no levantar sospechas.
Creo que no se dio cuenta. Seguramente los bombones llamaron mucho su atención. ¡Soy un genio! Por supuesto que la amo, pero ya he dedicado muchos años para ella. Claro que me hace feliz, pero necesito de otras cosas también. No puedo vivir solamente del cariño que me entrega mi esposa. Quiero que me conozca todo el mundo y que me admiren. Para eso es la vida, de lo contrario, de nada serviría el esforzarse tanto y llegar a ser tan exitoso. Sólo eres lo suficientemente importante cuando alcanzas la cima. Sólo necesito bombones...
...Si tan sólo me abrazara...Si me dijera las mismas cosas que me decía cuando éramos jóvenes. Por supuesto que me hace feliz, pero de algún modo siento un vacío. Largas horas lo espero en mi cama, pero no llega. Cuanto más me esfuerzo por no dormirme, caigo en la profundidad del sueño. Por otra parte, cuando he querido dormir, no lo logro. A veces llega cuando estoy despierta, pero no me besa, no me abraza y ni siquiera me acaricia. Aún así lo amo...
Mi vida es todo lo que alguien quisiera tener. Creo que a veces mi propia esposa me envidia. De hecho, sé que muy por dentro ella me envidia. Claro, la perfección es envidiable.
No logro entenderlo. No quiero nada más que un poco de atención. No necesito bombones o las flores más caras. Ya no le intereso. Creerá que no me doy cuenta de lo que hace en la noche. No soporto más el olor a alcohol que duerme a mi lado. Cada día lavando ropa con olor a Chic. No soy la única. Hay alguien más. Me interesa poco saber quién es o cómo se llama. Creo que me he vuelto indiferente a sus patéticas actitudes. En un principio me molestó y me sentí humillada por su manera de mirarme en menos. Ya es poco lo que me interesa lo que haga con su vida. No es que lo odie, al contrario, lo amo, pero no pretendo arrodillarme a buscar su cariño.
No sé que le pasa, debe estar loca. ¿Creerá acaso que puede despreciarme? ¡No! ¡No lo hará! Ella es mía. No se alejará de mí. ¡Eso lo aseguro! Ella me pondrá atención. ¡Tengo que importarle!
Durante estos días he reconstruido mi vida. Tengo amigos a los que verdaderamente les importo y que me ayudan y no esperan nada a cambio. No me siento mal en lo absoluto, pero extraño de manera intensa las caricias, los abrazos y las románticas tardes bajo los sauces. Poca importancia tienen los sauces para alguien exitoso. No es envidia. Solamente digo que para alguien que tiene especial interés en el lujo, un sauce no tiene romanticismo en lo más mínimo. Pero si nos sentamos bajo un sauce y cerramos los ojos por unos momentos, podemos descubrir un mundo alejado totalmente de lo convencional. El sentarnos con alguien bajo un sauce sin decir una palabra y sentir la vida en el momento, puede hablar más que por nosotros mismos. Y los detalles extrañamos y nos atoran las palabras al recordarlos. Y se nos quiebra la voz y quema la garganta. Lo amo.
¡Es el colmo! ¡De seguro son esas mujerzuelas las que le meten cosas en la cabeza para volverla en mi contra! ¡Que ingrata esta mujer! ¿No le basta con los regalos que recibe cada día? ¡Estúpida! No señores, esto no se va a quedar así. Ella me pedirá disculpas. Ella se rendirá ante mí. ¡Nadie! ¡Nadie me ignora!
¿Qué hace? Está alterado. Jamás lo había visto de esta manera. No...
Todo lo bueno tiene un final. A veces impactante, otras veces predecible y algunas hasta deseado. Es cierto, no sabemos valorar las cosas hasta que las perdemos. ¿Eso quiere decir que no valoramos nuestras vidas sino hasta que agonizamos? Creo que es cierto, siento que estoy en plena agonía y no tengo remedio. Y no me refiero a estar enfermo físicamente, pero el daño que me ha causado su ausencia me tiene sumido en la más triste decadencia de mi alma. ¡Claro! Es ahora cuando reconozco mis errores, es ahora cuando reconozco el daño que le causé y llego a odiarme por eso. ¡Cómo no me di cuenta antes! ¿Por qué dejé que el orgullo me ganara? Si tan sólo hubiese pedido disculpas, e incluso eso pudo haber sido evitable. Si nunca hubiese hecho lo incorrecto, nunca hubiese tenido que disculparme. Quizás si pensáramos en todo esto antes de actuar, valoraríamos la vida en todo su esplendor y no nos sentiríamos con tanta angustia y frustración cuando ya estemos muriendo.
La angustia me devora y carcome mi corazón. El arrepentimiento me hunde y me castiga con latigazos de lamentos. Ahora estoy solo. Nadie de los que dijeron ser mis amigos está ahora conmigo. ¡Obvio! ¡Nadie quiere estar con alguien sumido en la miseria! Creí en la gente de lujo que me rodeaba y que ahora no está conmigo. Sin embargo, tenía abandonada a la única persona que siempre me acompañó. Ni siquiera sé por qué lo hice. Probablemente me sentí atraído por la lujuria, el buen licor y las mujeres. En ningún momento me involucré con alguna de ellas, no, pero sí reconozco que me gustaba observarlas y que se sintieran atraídas hacia mí. De cualquier modo, creo que también significa infidelidad. Debí preocuparme sólo de mi mujer, aquella que me creía que tenía reuniones o trabajo hasta muy tarde, aquella que me preparó los mejores desayunos que jamás haya probado, aquella que poseía mágicas manos para preparar los mejores banquetes cuando yo quise. ¡Estúpido! ¡Cómo no darme cuenta de que esa magistral mujer, tan dedicada, se merecía mi interés y mi amor por completo! ¡Que ingratitud!
De nada sirven los lamentos, nada la traerá de vuelta. Mi vida es culpable directamente de lo que sucedió. Y ya no siento ganas de vivir. Tal es mi angustia que no tengo ganas de vivir pero tampoco de morir. Esta nostalgia, esta soledad, esta eterna miseria, son el justo castigo para quien ha obrado de manera incorrecta dejándose llevar por sus intereses. Y es así amigos míos, aprovechen sus vidas sin pensar en sus intereses, ya que la verdadera felicidad la podemos encontrar en una tarde bajo un árbol, en observar y oír los ríos, o simplemente en un abrazo.
Y ya no queda espacio para arrepentirme, ya no queda tiempo para lamentarme. Todo está hecho. Si hubiese reaccionado frente a lo que estaba haciendo, hubiese evitado esta lejanía. Y no lo hice. Y aquí estamos, yo sentado en lo más oscuro de mi cuarto, sujetando el arma cargada de culpa, y ella, tendida, inmóvil y fría en mis brazos.